sábado, 18 de enero de 2014

Huesos y cruces rotas.


Ellos arrastraron su manto de muerte hasta los lugares más recónditos de la Tierra. Llevaron la sombra de sus miedos, sus furias, sus fantasmas y sus perversiones. Avanzaron deprisa huyendo de algo, puede que de la ira de su dios, puede que del castigo de sus amos...
Huesos y cruces rotas a su paso, y sólo la miseria que deja la fe ciega, incomprendida e impuesta...

Aniquilaron sus costumbres y sus credos. Violaron la naturaleza y su amor por ella, pues sólo eran hijos de la tierra y únicamente a ésta le debían pleitesía.
Les envenenaron con el pudor, la caridad, la gracia y el sino.

Pero sus dioses paganos, cuyos ídolos que no eran más que reflejos humanos, juraron venganza. Abandonaron la desnudez para, algún día, reclamar las almas de aquellos iluminados como pago por las mentiras, la oscuridad, las matanzas y la envidia.

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