Ellos
arrastraron su manto de muerte hasta los lugares más recónditos de la Tierra.
Llevaron la sombra de sus miedos, sus furias, sus fantasmas y sus perversiones.
Avanzaron deprisa huyendo de algo, puede que de la ira de su dios, puede que
del castigo de sus amos...
Huesos
y cruces rotas a su paso, y sólo la miseria que deja la fe ciega, incomprendida
e impuesta...
Aniquilaron
sus costumbres y sus credos. Violaron la naturaleza y su amor por ella, pues
sólo eran hijos de la tierra y únicamente a ésta le debían pleitesía.
Les
envenenaron con el pudor, la caridad, la gracia y el sino.
Pero
sus dioses paganos, cuyos ídolos que no eran más que reflejos humanos, juraron
venganza. Abandonaron la desnudez para, algún día, reclamar las almas de
aquellos iluminados como pago por las mentiras, la oscuridad, las matanzas y la
envidia.

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