viernes, 17 de enero de 2014

Siniestro abrazo de muerte.


Creímos enterrar la locura, y cuántos años han pasado desde que estamos inmersos en otro nuevo espejismo, en otro nuevo abrazo. Hemos vivido olvidando la ilusión del tiempo. Ya nunca más volverá el silencio, ni nos miraremos fijamente a los ojos perdidos en éste asombroso vacío. Ahora sólo nos rodean notas con distinta melodía.
Sólo quedan nuestros cuerpos petrificados y expuestos a un fuego anaranjado que avanza desde el horizonte devorándolo todo. Apenas hemos contenido el aliento, para escuchar por última vez nuestro corazón muerto, cuando se nos arrebata la pasión, la piel y el llanto, en éste cálido manto.
Nunca imaginé éste final para ambos. Y mientras lo pienso se me incrusta un fuerte ardor en las cuencas de los ojos, evaporados… vacíos.
La explosión nos fulmina en el acto y ya hemos perecido antes de ver cómo ardía el mundo.
Sólo quedan nuestros cuerpos petrificados y expuestos a una tenue luz anaranjada que se va y se pierde a nuestras espaldas. Hemos espantado el temor y la esperanza. Se han marchado con el fuego y ahora se asientan a nuestro alrededor, junto con las demás cenizas del universo.
Apenas retengo éste extraño pensamiento mientras intento escuchar nuestro corazón muerto.
Nunca imaginé éste final para ambos.

Unidos para siempre con un siniestro abrazo de muerte.

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